Empecé como dibujante humorístico con muy pocos años de
edad, pero fué a los once cuando me descubrió el genial director y
dibujante Manuel Summers, mi maestro y padrino, al cual le debo la
pasión por los comics, entre otras cosas. Él me hizoganador del concurso
de dibujo humorístico "El Primer Huevo", de la gran revista ya
desaparecida "Hermano Lobo". Gané mis primeras quinientas pesetas en
1972. ¡Qué época tan maravillosa! Recuerdo que ese año gané premios por
todas partes: en congresos de mentalismo, en festivales de cine, en
prensa escrita y en la radio. Fué algo increíble y providencial. Jamás
se me ha vuelto a repetir. Deben ser los tránsitos planetarios que en
ese momento estaban muy bien aspectados.
Estos chistes o viñetas que veis aquí, tienen algo de visión
profética, pues hace ya mucho, mucho tiempo que los hice y gran parte
del contenido se ha cumplido, como podeis comprobar, con pasmosa
exactitud.
Estoy muy orgulloso de ellos, porque pertenecen a una etapa
juvenil de mi vida, en la que se agolpan los recuerdos imborrables de
gentes maravillosas que tristemente ya han fallecido. Algo de mi se ha
muerto con ellas.
Pero algo de mi también ha resucitado, pues nadie se muere
del todo si se le venera y recuerda con cariñosa nostalgia.
Estos chistes jamás vieron la luz pública. Muchos de ellos
fueron ninguneados y censurados. Los encontraban demasiado "fuertes" y
nadie se atrevió a publicarlos. Lo más irónico es que en aquellos
tiempos dicen que había nacido la democracia, esa bufonada griega basada
en la utópica idea de que el pueblo soberano tiene libertad de opinión.
¡Vaya democracia!
Estas viñetillas son un pequeño homenaje a aquellas personas
que conocí en mi casa, y en la calle, mi segunda casa,
siendo yo un niño. Me refiero a extraordinarios artistas que eran muy
buenos amigos de mis padres, tales como el mencionado Summers, Tono,
Chumy Chúmez, Perich, Conchita Montes, Edgard Neville, Rafael Azconaa,
Coll, Berénjam, Escobar, Gila y Serafín, que dibujaba a marquesas
gordas. A muchos de ellos los recuerdo como si fuera ahora. A otros tan
solo vagamente. Recuerdo, eso sí, lo buen amigo de mi padre que era
Álvaro de la Iglesia, director de "La Codorniz", una revista excelente e
insólita para la época.
El ppbre Álvaro, contaba mi padre, se murió de pronto en un
bar de Londres. También el gran Serafín, poco antes de que le cortaran
una pierna, porque se cayó en el metro, dibujó a mi padre en el Camino
de Santiago. Qué gente tan culta y excepcional, Dios mío.
También recuerdo mucho a Carlos y Jorge Llopis, que eran
divertidísimos. Y al gran Alfonso Paso, que un día, fumándose un puro
como un castillo, me animó a que escribiera textos cómicos. Me decía que
mis escritos tenían un toque muy gracioso y surrealista. Entre Enrique
Javier Poncela y Pedro Muñoz Seca, ojalá opinen lo mismo mis admirados y
felizmente vivos, los geniales Mingote y Alfonso Usía. ¡Qué tíos tan
divinos y cojonudos! Pero vamos, comparar a este humilde servidor con
esos genios irrepetibles, es un auténtico disparate surrealista.
Bueno amigos, espero que os gusten mis trabajos de antes. Me
haría mucha ilusión que me diérais vuestra opinión personal, pues me
animaría a seguir dibujando. Espero vuestras noticias con mucho interés y
prometo contestar a todas.